Refugiarse algunas veces, aventurarse otras, y otras sólo dejar que la magia suceda. Invitar a vivir otras fiestas, a soñar otros sueños, a creer en lo increíble. De eso se trata, de todo eso y nada más que eso.
lunes, 20 de abril de 2026
NOTICIAS
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La noticia demoró un par de dias en llegar a los diarios y los informativos.
En grandes y sensacionalistas titulares aparecia: El fuego lamió las paredes, y se fue tragando
las imágenes de la tragedia.
Liliana había estado leyendo hasta tarde, y entró corriendo a hacer la cena antes de que
llegara Julián. Una frase había quedado resonando en su cabeza: Son necesarias las
transformaciones silenciosas que nos hacen salir de nosotros mismos.
Apurada, cocinó, preparó la mesa y lo esperó con todo pronto. Sabía que él llegaría cansado y
de mal humor. Lo conocía muy bien.
Cuando él llegó a su casa, fumó el último cigarrillo en la penumbra, con los codos apoyados en
la mesa; entonces ella recordó que aquella era la postura que solía adoptar su padre.
Para entonces, la cena se había enfriado, irremediablemente.
Entonces él caminó hacia ella, y tenía los ojos de esmeralda y la áspera pelambre y el olor de
un macho cabrío.
- Esta porquería está fría- soltó- y hasta mal hecha está.
- El mundo está mal hecho- murmuró ella.
- ¿Cuántas veces la misma escena? Será que no servís para nada, mismo? Al final que
esperás? Que trabaje todo el día para venir a comer esta mierda?
Lo que iba a pasar después, ella ya lo sabía.
- Una tiene sus sueños, cosas suyas, íntimas, y después la vida no quiere seguir jugando
contigo, y te lo desmonta, un instante, una frase, y todo se desvanece. Suele ocurrir-pensó.
Cuando todo terminó, una eternidad después, y justo antes de dormirse, Julian sentenció:
- Así será mi matrimonio. No les alcanzará la vida para contarlo.
Liliana ya no lo escuchaba. Sólo escuchaba aquella frase en su cabeza: son necesarias las
transformaciones silenciosas…
Así que hizo lo que tendría que haber hecho hacía mucho tiempo. Silenciosamente.
Al salir de la cabaña, las aguas eran plácidas, todo estaba en calma y las nevadas montañas,
los palacios de la naturaleza, no habían cambiado.
Se fue caminando despacio, sintiendo el crepitar tras de si.
No tenía apuro. Las noticias, en ese páramo, siempre demoraban un par de dias en llegar.
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