viernes, 30 de agosto de 2019

LO VI DE LEJOS

Iba distraído, mirando para afuera, yo.
Iba mirando por la ventanilla del ómnibus. La gente, los autos, las vidrieras, los techos de las paradas llenos de mugre, algunos con pasto creciendo arriba.
Iba pensando en otra cosa, yo.
Cuando lo vi.
De lejos lo vi.
Iba mirando su celular, con sus lentes casi redondos, su pelo de colores, su traje y su corbata.
Iba pensando en quién sabe qué, comunicándose con sus amigos, tal vez.
Iba cargando su mochila, llena de cosas para ir al gimnasio, llena de sueños, llena de proyectos.
Iba pensando en su futuro, supongo. Iba disfrutando de su presente, espero.
De lejos lo vi.
Vi su mechón, sus lentes, su extraño nudo en la corbata, su barbita incipiente, sus zapatos en punta.
Vi sus miedos, sus alegrías, sus fortalezas, su confianza creciendo.
Vi sus cachetes gorditos, su coraje, su rebeldía.
Lo vi abrazado a una gallina, corriendo desnudo por el fondo, y también lo vi subiéndose a la azotea, disfrazado de Hombre Araña.
 Y lo vi de pantuflas, jugando a los detectives.
Lo vi aprendiendo a andar en bicicleta, junto a su hermano mayor.
Lo vi caminando siempre, sin detenerse nunca.
De lejos lo vi.
Iba distraído mirando para afuera yo, cuando lo vi.

sábado, 5 de mayo de 2018

XU LEE OH


XU LEE OH
El niño que quería volar

Tal vez por haber nacido en lo alto de las montañas Laz Khan, o tal vez porque su padre siempre lo llevaba en sus largos viajes bordeando acantilados… Quién sabe?
Lo cierto es que Xu no tenía miedo a las alturas. Todo lo  contrario. Amaba las alturas.
Solía jugar en el borde de los barrancos, treparse a las rocas, imaginarse que era un ave, y saltar.
Cuando era muy pequeño, su padre lo llevaba por caminos que recorrían las montañas, bordeando riscos, hasta inhóspitos y perdidos pueblitos donde atendía con su ancestral medicina.
 Xu iba absorto en la contemplación de los pájaros, las garzas, las cigüeñas,  las águilas.
En más de una ocasión su padre tuvo que sostenerlo porque se paraba en el borde de la carreta, ensimismado, haciendo equilibrio, a punto de caer.
Su madre solía rezongarlo, porque se hamacaba muy alto y  cuando la hamaca estaba en su punto  más alto, allá arriba, cuando parece que se detiene para volver a bajar, en ese preciso instante… Xu saltaba…
Le costaba siempre algún machucón, algún rasguño, o alguna torcedura. Y siempre, siempre,  siempre, un rezongo de su madre.
Fue su madre, quien tratando de aplacar sus ansias le regaló una mascota bien terrestre. Una tortuga, que recibió el nombre de Ma Lu. Pero no surtió efecto ninguno en el niño.
Ma Lu lo observaba entre asombrada y envidiosa. Porque, entre nosotros, ella también quería volar…
Una vez que cayó desde más alto que de costumbre, y  mientras se recuperaba de su esguince en el pie izquierdo, su abuelo Boh Boh le enseñó origami.
Xu se pasaba horas doblando papel, pero siempre, siempre, siempre, hacía grullas, garzas, pájaros de todos los colores y tamaños que el poco papel  que tenía le permitiera.
Ya de grande, cuando podía salir sólo, se escapaba hasta el Jardín Botánico de su pueblo y en un descuido de los cuidadores se trepaba en la copa de los árboles más altos del parque. Allí se pasaba horas, porque desde allí podía ver a las parejas de enamorados, a los viejitos con sus bastones, a las familias con sus niños. Y los pájaros, por supuesto. Pensaba en cómo sería sobrevolar el parque… Él permanecía allá arriba, como posado, como si esperara el momento oportuno para lanzarse a volar.
El tiempo fue pasando, y Xu fue creciendo.
Tuvo que tomar una decisión. Estudiaría artes marciales como su abuelo, y medicina tradicional, como su padre.  Y seguiría intentando volar…
Así fue como Xu Lee Oh llegó a ser un gran médico y un reconocido artista marcial.
 Fue próspero y exitoso.  Con la medicina de sus ancestros ayudaba a sanar por todos los rincones de su país. Viajaba hasta las zonas más alejadas para llevar alivio. De esa manera conoció la compasión, la humildad, y la generosidad. 
Con las artes marciales internas encontró la paz, la calma, la seguridad y el equilibrio.
Pero como si estuviera escrito en piedra, Xu Lee Oh siguió queriendo volar.
Siguió intentándolo, siguió buscando, siguió lo que él creía que era su camino.
Por supuesto que tuvo muchos golpes, muchas caídas, machucones… Pero él nunca, nunca, nunca, se dio por vencido…
Entrenó mucho y muy duro, fortaleció sus piernas y sus brazos con ejercicios extenuantes, aprendió técnicas de respiración para aumentar la capacidad de sus pulmones, corrió, saltó, trepó, y nadó. Siempre acompañado por su mascota, Ma Lu.
Hasta que en una montaña alejada, envuelta por las nubes, en un día helado,  se topó, en una curva del camino, con el ya anciano Maestro Zhú.
El anciano maestro hablaba poco, casi nada, pero luego de una larga charla Xu logró convencerlo. El Maestro dio su palabra. Iba a  introducirlo en el antiquísimo arte de volar.
-Lo primero que tienes que aprender-le dijo- es a tener paciencia. Desapégate de los resultados y disfruta del camino… Ya nos volveremos a encontrar…
Xu Lee Oh siguió al pie de la letra las enseñanzas de su maestro  Zhú,  y de Ma Lu, la tortuga sabia.
Aprendió el arte de la paciencia. Aprendió a tomárselo con calma. Aprendió a meditar, a ayunar, y a esperar. Pero nunca, nunca, nunca, dejó de soñar.
Aprendió la importancia de ser fiel a un sueño, aunque cueste caídas, torceduras, golpes y rezongos.
Hasta que un día, sin saber cómo ni cuándo, casi sin querer, casi sin darse cuenta, Xu Lee Oh, el niño que quería volar, finalmente voló.
Sólo se vio rodeado de nubes, sólo sintió el calor de sol,  su larga barba blanca al viento y el sonido  de sus ropas: flap… flap… flap…

J.E.P.L.     05/05/2018

lunes, 29 de enero de 2018

EL BASTÓN


-Todo buen caminante debe tener un báculo, hijo.
- Un qué?
-Un báculo. Un bastón. No puedes irte a caminar sin un bastón. Te voy a hacer uno.
-En serio? Y por qué?
-Un bastón te protege de cualquier peligro, te ayuda a caminar, te da seguridad, te cuida. Con un bastón vas a poder recorrer cárcavas, trepar barrancos, atravesar médanos, escapar de arenas movedizas, defenderte de las víboras y de los perros, desenterrar piedras, marcar el camino de regreso, luchar contra los malvados, cazar animales salvajes y salvarle la vida a la princesa. Hasta las princesas van a sonreír a tu paso. No hay nada ni nadie que se resista a un bastón mágico.
-Un bastón mágico? En serio? Me vas a regalar un bastón mágico?
-No. Lo vamos a hacer juntos. Te animas?
Padre e hijo tomaron el machete, se dirigieron al cañaveral y eligieron una caña. No la más larga, no la más derecha, no la más dura. Eligieron la caña más mágica, la más increíble, la más poderosa de todas las cañas que han nacido y crecido en este mundo.
Con ella fue construido el bastón mágico con el que fue conquistado el Reino de las Cárcavas. Con el que fueron libradas mil batallas, domados mil dragones y liberadas cientos de princesas. Con el que encontró el camino de regreso miles de veces, y otras tantas salió en busca de aventuras.
El bastón que ahora podía ser espada, mañana un poderoso caballo y pasado mañana una escopeta de cazar mamuts.
Con él se desenterraron piedras volcánicas, se hallaron tesoros, se lograron proezas que algún día algún juglar cantará, sin dudas.
Hoy el bastón mágico descansa, silencioso, contra la pared de un rancho.
Ya nadie cabalga en él, nadie lo empuña para luchar. Nadie lo blande para enfrentar malísimos dragones.
El poderoso caballero del bastón mágico pelea otras batallas.
J.E.P.L 28/01/2018

domingo, 19 de noviembre de 2017

CARLOS ESTEBAN



CARLOS ESTEBAN


CAPITULO I
Se tiró hacia la derecha tratando de adivinarle la intención y alcanzó a ver, con el rabillo del ojo, cómo la pelota entraba despacito picando y rebotando contra las piedras, por el medio del arco.
Y eso que su entrenador, Rubén, le había dicho clarito:
-Hay que hacer lo que hay que hacer!!! No importa la intención del otro. Importa tu decisión.
Pero muchas veces le pasaba lo mismo. Se debatía entre su decisión, lo que le parecía que tenía que hacer; y el deber ser, lo que le decían que tenía que hacer.
Era buen golero, aunque a veces fallara. La cancha estaba hecha pedazos. Quedaba apenas un poco de pasto en las esquinas, nada más. Y el resto tierra seca y piedras. Tirarse era poco menos que suicidarse.
Pero él había nacido para ser golero. O por lo menos, se había convencido de eso.
Le gustaba estar atrás, cuidando todo. Se sentía seguro, poderoso, siendo una especie de guardián del tesoro. No importaba lo que pasaba allá arriba, en la otra área. No importaban los desbordes de los punteros, ni los centros al área. Daba lo mismo un foul, un offside o un tiro de esquina. Él estaba ahí, al firme. Podían estar tranquilos todos. Él estaba ahí atrás.
A veces, cuando las cosas salían bien y su equipo hacía un gol, hasta se perdía los festejos. Pero, ¿qué iba a hacer?
Él era Carlos Esteban, el cuidador del proyecto, el guardián del tesoro.
CAPITULO II
Carlos Esteban estaba en plena faena.
Trepado a una escalera, cosechaba las manzanas de su huertita. Con cuidado, casi que con amor, las sacaba una a una y las iba poniendo en los cajones.
Ya se había acostumbrado. Casi todas las tardes caían dos gurises del barrio, el Vasco y el Gallego.
-Dele, Don Carlos. Hable con el técnico. Nosotros tenemos lugar en ese equipo. Nos tenemos fe. Sólo nos tienen que dar una oportunidad. Nada más. Le juramos que no lo vamos a defraudar.
En un equipo de hombres grandes, hacerle lugar a un par de gurises no era tarea fácil. Además, se venía la final del campeonato. Pero, ¿qué le e intentarlo?
-Está bien. Quédense acá y ayuden a arrancar manzanas. Yo ya vengo. Voy a hablar con el técnico.
CAPITULO III
Lo encontró conversando con Brande, su mujer, en la puerta del comercio.
-Disculpe, Rubén. Tengo que hablar con usted. Mire, tengo dos botijas del barrio que se tienen mucha fe. No sé mucho de ellos. Sé que los dos estudian veterinaria. A uno le gustan los caballos y al otro los perros. Eso es todo lo que sé. Pero insisten tanto, que… ¿Quién le dice, no?
Rubén se sacó los lentes, los limpió, se los puso de nuevo. Lo miró…
Era un técnico muy respetado. Se decía que había renunciado a un cuadro grande, donde había mucha guita y tenía el futuro casi asegurado, para irse a dirigir un cuadro del interior. Y lo había sacado campeón. Eso se decía. Anda a saber…
-Mira, Carlos Esteban. Vamos a hacer una cosa. Tráelos a la práctica de mañana y vemos. Tá? Sabes que se vienen partidos importantes, y no nos podemos regalar. Pero me gustan los botijas que se tienen fe. Tráelos. Los voy a probar.
CAPITULO IV
El Club Social y Deportivo La Luz apenas tenía cancha. Los vestuarios eran una pieza de bloques sin revocar, unas duchas con agua fría, unos bancos y unos clavos en la pared para colgar la ropa. Nada más. Pero era el cuadro del pueblo. Y eso no es poca cosa.
Los gurises llegaron temprano, acompañados por Carlos Esteban. El Vasco Felanto era un gurí tranquilo, callado, que parecía hasta miedoso. El Gallego Mafran era todo lo contrario. Con los pelos de colores, parecía que si lo dejaban se comía la cancha.
-Vamos a ver…Pensaba el veterano golero del La luz… Ojalá no me dejen pegado…
Después del calentamiento de rigor, empezó la práctica.
-Ustedes quédense atrás, cerca del golero. – Ordenó el técnico
Y al principio no hubo sorpresas. El Vasquito parecía que no se animaba a subir, jugaba tímidamente, como con miedo a equivocarse.
-Dale, botija!! Tranquilo que yo estoy acá!!!- gritaba el golero
El otro sí. Se comía la cancha. Hablaba, gritaba, subía, marcaba, no le daba bola a nada. Hacía lo que quería. Tenía una personalidad increíble el gurí.
Terminaron 4-2 contra un cuadro del pueblo vecino, el Victoriano. Dos goles del galleguito. El técnico quedó impresionado. Pero como de costumbre, no dijo nada…
CAPÍTULO V
La final estaba fijada para dentro de dos sábados.
Ese día el pueblo estaba de fiesta. El Club Social y Deportivo La Luz se enfrentaba al Rayo Fútbol Club, del balneario La Rocosa.
Era la única razón por la que alguien suspendería la siesta. La final.
El turco Isaac había donado un auto rojo. Un Fiat 600 R del 72. Ese era el gran premio del campeonato.
Todo estaba listo. Hasta habían regado la cancha y todo, para que no levantara tanta tierra.
El cuadro del pueblo formaba así:
En el arco Carlos Esteban, la línea de cuatro con Amadeo, Atanasio, el Piojo, y el negro Higinio. En el medio iban el Capincho, el Gordo, el Pelusa y el Cara de Luna. Adelante, los gurises: el Vasco y el Gallego.
Y el banco de suplentes era de envidiar: Irineo, el Naso, el Silvio, el negro Díaz, el Bonito, y el negro Nunca.
Había una gurisa, la Turca, que estudiaba medicina en la capital, y se había ofrecido para dar una mano por si había algún lesionado. Se decía que andaba con el Bonito… Anda a saber…
A segunda hora se jugaba la final de inferiores. Otro cuadrazo: el Hijo en el arco, el Ratón, el Nicolás, el Gerardo y el Chino atrás. En el medio el Tony, Mateito Mateus, el Naso chico y Maytongo. Adelanto el Marabunto y el Incalculable.
La cuestión fue que arrancaron perdiendo. El Rayo sorprendió con un gol en el inicio del partido. Un descuido y tá. A la bolsa.
Estaba fea la cosa. La tribuna hervía. El aire se cortaba con cuchillo. Espeso…
Así terminó el primer tiempo.
CAPITULO VI
No se podía perder. Era mucho lo que estaba en juego. El auto rojo. El prestigio de Rubén. La confianza en Carlos Esteban. Los gurises nuevos. Mucha cosa. No se podía perder. No señor…
-Miren botijas- Dijo el técnico
-La cosa es sencilla. Yo me la jugué. Dejé todo pa ir atrás de un sueño. Vamos a hacer lo que hay que hacer. No hay chance, gurises. Metan pa delante, luchen, den lo mejor que puedan.
Así arrancó el segundo tiempo. El negro Irineo se desgañitaba atrás del arco. El Capincho puteaba. El Cara de Luna rezongaba. El Gordo puteaba. Todos querían entrar. Todos querían jugar. Había que dar vuelta el resultado. No había chance. El Club Social y Deportivo La Luz no podía perder.
Hasta que se dio un descuido de la defensa y el Vasco la mandó a guardar.
Uno a uno y pelota al medio.
Se puso difícil. Carlos Esteban se aburrió de sacar pelotas para afuera. La línea de cuatro era un tembladeral . No paraban una.
Parecía un partido perdido…
Hasta que el golero dio un paso atrás y gritó:
-Vamo arriba carajo!!! Si cambiamos nosotros cambia todo!! Es cuestión de actitud!! Meta huevo!!! Vamo La Luz carajo!!!!
El tiempo se detuvo…
La agarró el Vasco Felanto. El que parecía tener miedo, levantó la cabeza y empezó a correr… Se miraron con el Gallego y empezaron. Toque y toque. Tuya y mía. Parecían hermanos separados al nacer. No se podía creer cómo se entendían.
Tome. Traiga. Lleve. Se ve que se sentía seguros, que atrás había cuadro pa rato. Imparables.
Cuando el Rayo quiso reaccionar, iban 4 a 1. Una goleada histórica.
Los gurises agarraron el auto rojo y arrancaron. No se sabe por dónde andan. Tuya y mía. Toque y toque.
Julio Perera López
19/11/2017

sábado, 4 de noviembre de 2017

EL SOL Y LA LUNA

EL SOL Y LA LUNA


EL SOL Y LA LUNA

Cierto día dos hijos pequeños preguntaron a su anciano padre:
-Papo: qué significan el sol y la luna?
A lo que el hombre viejo respondió:
-El sol es mi madre. La Coronilla con la abuela y Bobó, la playa, la pesca y el Cerro Verde. El canal. El Paipa. La ruta 9. Mis vacaciones. Un rancho cerca del mar. Punta Rubia. Las ballenas. Su sonrisa.
-La luna es mi padre. Su sobretodo. Turquía. Lascano. Punta Carretas. El largo corredor de Joaquín Nuñez. El postre Halva comprado en lo de Don Antonio. La estacada. Su enfermedad. Sus libros. La biología y la medicina. Su tristeza.

jueves, 2 de noviembre de 2017

TRISTAN NARVAJA

TRISTAN NARVAJA


-Dejala ahi arriba y andá tranquilo negro, que estamo acá!! ; me gritó el cuidacoches mientras meaba contra la rueda de una doble cabina.
Yo venia contramano y no sabia donde dejar la moto, asi que accedí gustoso a su amable invitación.
Lo primero que noté es que no ha cambiado nada, desde la última vez que fui. Un poco más chica, un poco más grande, pero igual. Siempre se encuentra de todo: ropa, zapatos, muchos zapatos, botellas, cascos aprovados (si, con v, y si no te gusta te vendemos solo el adhesivo), binchas ( si, con b), toneladas de controles remotos, celulares, cargadores, libros, muchos libros, discos, instrumentos musicales y un largo etcetera...
 Un capitulo aparte merece la plaza de comidas:
-A $22 la milanesa al pan!! dos por $40!! 
- a veinte el choripan!! vamo que se terminan!! 
- Empanadas de carne y jamón y queso!! Higiene y calidad!! ( creo que la higiene y la calidad la vendian aparte, porque el aceite de las empanadas estaba peor que el de mi moto)
A la tercera cuadra ya habia encontrado una cantidad de cosas utiles: una manijita pa la ventana del fondo, una cuerda pa cinchar la camioneta cuando se entierra, un muñequito de Snoopy disfrazado de buzo, unos lentes de sol, un disco de Demis Roussos en castellano!!,y  la colección completa de monedas de todos los paises del mundo que existen y/o han existido y los que todavia no existen.
 - Esto deberia ser declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad!! ; pienso, mientras miro discos de tango. Discos de pasta, digo, de esos que giraban como a 78 rpm. ( a que velocidad giran los modernos CDs?)
 Me quedé un rato largo mirando discos: Janis Joplin, Miles Davis, Stevie Ray Vaughan, Pink Floyd, John Lennon en una curiosa colección cuyas tapas parecian fotocopias en blanco y negro de las originales. Si no fuera porque el que los vendía estaba escuchando Sonora Borinquen a un volumen más alto que mis gritos, me hubiera comprado alguno.
 A la tercera vez que pasé por el de las empanadas, mis jugos gástricos y mi transpiración pugnaban; unos por convencerme de que adquiriera uno de esos ejemplares y la otra porque me inclinara por un refresco Fruchi, de color indefinido, pero eso si, bien frio...
 A la sexta vez que pasé por el de las empanadas, me di cuenta que estaba dando vueltas en redondo, y pa peor un morocho que vendía ropa usada y que  se probaba un camisón de mujer, me preguntó como le quedaba. 
 La verdad, mal no le quedaba...
En la otra esquina, un grupo de hombres y mujeres habian instalado una mesa de un curioso juego, donde lo único que había que hacer para llevarse una montaña de dinero era adivinar donde estaba la pelotita. 
Si!! Por supuesto que jugué!! Cuando ya estaba por agarrarle la mano, me quedé sin plata, que si no..!! Miré de reojo al morocho del camisón, a ver si conseguia un préstamo blando, pero el  morocho ya estaba duro...Claro, pobre, el vino caliente es lo que tiene.
 Bueno, tendré que irme, dije yo, mientras los de la mesita salian corriendo , perseguidos por un policia que sin dudas querría probar suerte.
 -Ahora, donde mierda dejé la moto? me preguntaba yo, menos  preocupado porque me la robaran que por el cuidacoches, que capaz que me la meaba.
 Allá a las cansadas la encontré: transpirado, pelado, muerto de hambre y con la firme convicción de volver.  
No hay nada como la Feria de Tristán Narvaja!!!

miércoles, 1 de noviembre de 2017

SILENCIO

SILENCIO


Silencio...
Ya van muchas horas de silencio. Un silencio pesado, incomodo, denso. No me deja respirar. Me duele la cabeza. Necesito dormirme. Me duermo. Sueño. Pesadilla. Mi padre, mi perra. Que hacen acá? Me duele la cabeza. No puedo respirar.Transpiro. Tengo sed. Me duele el pecho. Lo que me faltaba.Tengo miedo. Necesito despertarme. Y si sigue el silencio? No puedo. Una certeza. Una gota. Un vaso que se derrama.Otra vez. Una patada que vacia el vaso solo para que vuelva a llenarse. Una certeza tan grande como este silencio. Que me ahoga. Me aplasta contra la cama. Faltan los gritos. Las risas. Un abrazo. Fuerte. Tan fuerte que me sorprende. Una espalda mas encorvada y chiquita que nunca. Y un silencio atronador. Una distancia. Enorme. Necesito despertarme ahora!! No puedo. Mis latidos. Me duele la cabeza. Transpiro. Me ahogo.Basta!!! Me despierto.
 Silencio...Un silencio espeso, irrespirable...