domingo, 16 de febrero de 2020

MINORÍAS



MINORÍAS



A decir verdad, las minorías me tienen harto. Lamento ser tan sincero, pero es así.
Ayer, sin ir más lejos, tuve una reunión en el trabajo. Eramos 13 personas, y la reunión estaba insoportablemente llena de minorías.
Había una minoría de uno que era vegetariano, una minoría de tres con sobrepeso, una minoría de dos con barba, una minoría de tres con lentes, una minoría de dos nacidos en el interior, una minoría de uno hincha de un cuadro del interior, una minoría de uno transplantado, una minoría de tres de corbata, una minoría de uno con orejas enormes, una minoría de dos con tatuajes, una minoría de uno medio pelado, y para colmo, otra minoría de uno de pelo largo!!! Insoportable!!! Menos mal que a ninguna minoría se le ocurrió reclamar por sus derechos, ni hacer valer su particular punto de vista sobre la realidad!!!
Si así hubiera sido, la reunión de trabajo se hubiera convertido en una guerra.
Y no es broma. Es así.
Qué hubiera pasado si en lugar de buscar puntos en común, si en lugar de centrarnos en lo que nos unía (en este caso, cuestiones laborales); hubiéramos empezado a reivindicar nuestros puntos de vista particulares?
Otro día, también en el trabajo, me arrimé a un grupo de compañeros que estaban conversando. El tema? Los tamboriles que sonaban en la calle y se escuchaban desde el descanso. La queja? Que una vez por semana, durante unos cinco minutos, cortan Gonzalo Ramirez para cruzarla a la altura de Pablo de María...
Las opiniones iban desde que tenían que prohibirlo, darles otro lugar, pasarles por arriba, tocar en otro lado, matarlos a todos, y otras variantes.
Después la conversación derivó hacia la música electrónica que sonaba en el Parque Rodó, que también molestaba. Y las opiniones eran similares: que fueran a tocar a otro lado, que el parque era para darle de comer a las palomas, que vayan a tocara a la .... , etc.
El mismo espíritu primó cuando se habló de ciclistas, motociclistas, y otras minorías. Todas molestas.
Molestan los tamboriles, los gays, los ciclistas, los trans, los negros, los judíos, los jóvenes, los vegetarianos, los gordos, los barbudos, los motociclistas, los vendedores ambulantes, los discapacitados, los empleados públicos, los hippies, los perros, los que celebran a Yemanjá, los que corren por la rambla, los que manejan despacio, los cristianos, los hinchas del otro cuadro, los que escuchan cumbia, los pobres, y todas las minorías habidas y por haber.
Estimado lector, estimada lectora: lo invito a mirar a su lado. Dele. Yo espero...
Ahora al otro lado ...
...
Miró? y qué vió?
Salvo que usted esté sentado o sentada junto a un espejo, debe haber visto a una persona diferente a usted. No? con otros gustos musicales, con otros gustos alimenticios, con otras creencias políticas, religiosas? con otra forma de sentir y vivir su sexualidad? Con otra forma de vestir? Con otras preferencias en cuanto a su forma de vivir?
Ahora lo invito, la invito, a hacer un pequeño ejercicio: piense un ratito en usted, que no debe haber algo más lindo de hacer... Piense un poquito, ya que le gusta tanto sentirse parte de la mayoría... Dele, anímese...
Yo, por ejemplo, pertenecía a una minoría de motoqueros a los que no les gusta el Heavy Metal, pertenezco a una minoría de vegetarianos en un país que exporta carne; a una minoría de terapeutas “alternativos” en un país en que la medicina occidental es la oficial; a una minoría de orejones; a una minoría de hinchas de un cuadro que no es ni Peñarol ni Nacional, que son la mayoría; a una minoría de descendientes de turcos en un país en el que la mayoría son descendientes de españoles e italianos; a una minoría de nacidos en Lascano viviendo en una ciudad en la que la mayoría nació en Montevideo; a una minoría de practicantes de Tai Chi, cuando la mayoría practica otras actividades; a una minoría de maestros hombres, cuando la mayoría son mujeres; y supongo que a muchas otras también...
Y usted?
A cuántas minorías pertenece?

LOS TRES PESCADORES


LOS TRES PESCADORES




Cierto día, en la orilla de un arroyo de mi ciudad, coincidieron tres pescadores. Yo los vi.
Los tres querían lo mismo, buscaban lo mismo, tenían la misma intención. La mejor intención.
Los tres querían pescado.
Pero los tres pensaban distinto, sentían distinto, y actuaban distinto.
El primero se paseaba por la orilla, con su canasta abierta, y caminaba impaciente de un lado para el otro. Yo lo veía que refunfuñaba, se impacientaba, rezongaba, gesticulaba. Su cara se transformaba. Se lo veía ansioso, nervioso.
Entonces me acerqué a preguntarle qué le pasaba.
-Qué le sucede? Está usted bien?
-No!! –me gritó. Estoy impaciente! Me dijeron que esto estaba lleno de peces!! Yo quiero un pez!! Lo necesito!!! Pero hace horas que me paseo de un lado para el otro, conseguí una canasta enorme, con una boca bien grande, y ningún pez viene a meterse en ella!!  Me estoy impacientando. Tengo hambre!!!
-Claro. Entiendo. Suerte!! –exclamé mientras me alejaba pensando en la desgraciada suerte del pobre tipo que nunca iba a conseguir lo que necesitaba si no hacia algo para ello.
Volví a mi piedra, desde donde tenía una vista privilegiada, y me puse a observar al otro pescador…
Este sí que tenía una actitud distinta!!! Iba por lo que quería!! Era activo!!!  Decidido!! Firme en sus decisiones, sabía lo que quería y sabía cómo conseguirlo…
Bueno… eso fue lo que yo pensé. Hasta que me acerqué a felicitarlo.
El tipo estaba despotricando. Rojo de ira, cansado, abrumado. Resulta que en su ansiedad por pescar, había tirado una red. Una red enorme.
Y claro. Había sacado algún pez demasiado chico, otros demasiado grandes, algunos cangrejos, muchas bolsas de nylon, una tortuga, una rueda de bicicleta, y muchas críticas.
Si. Porque la gente le recriminaba que sacaba lo que no precisaba, porque mataba la fauna del lugar, porque esto, porque lo otro. Mucha energía negativa, mucha mala onda. Eso había pescado…
Desconcertado, volví a mi lugar de observador. Pensando en cómo será la forma correcta, cómo hacer para lograr lo que uno necesita, cómo evitar la energía negativa, cómo se logra el equilibrio. Cuál sería el camino?
Y entonces lo vi… El tercer pescador.
Era un veterano. Flaco. Medio desgarbado. Estaba sentado en una piedra, con una caña en la mano y una sonrisa extraña en la cara. Mirando el agua.
-Este está pirado!!  -pensé
Y fiel a mi condición de meterete, me acerqué a darle consejos. El tipo no se daba cuenta que era imposible pescar ahí? Que no había una forma? Un método? Estaba perdiendo el tiempo!!
-Qué hace? Pierde el tiempo? – le pregunté ya medio caliente…
-No. Al contrario. – me contestó el viejo. Estoy disfrutando del momento!!  Y estoy pescando. Aunque no lo parezca, estoy pescando. Claro que para algunos parece que no. Pero estoy pescando. Ya armé la caña. Conseguí carnada. Afilé el anzuelo. Encarné. Ajusté la boya. Y ahora estoy esperando. Mientras disfruto del lugar, del momento, del ruido del agua, del calor del sol, del vientito. Mientras espero, disfruto. Mientras disfruto, espero.
-Y se puede saber qué espera? – le pregunté mientras entendía cada vez menos
-Una señal. Espero una señal. La boya se va a hundir. Tarde o temprano se va a hundir. 
Lo sé. 
Y va a ser la señal de que el pez que yo preciso, va a estar ahí.


                                                                                                                                     JEPL
                                                                                                                                  29/01/16

UN DIA DE PESCA. Manuel Perera


Un día de pesca

En una tarde de domingo como cualquier otra, en mi pueblo se iba a celebrar un Torneo de pesca muy importante ¡Y yo iba a participar!
Mi nombre es Tomas, tengo 14 años y desde que era niño me gusta pescar. Todos los fines de semana voy con mi padre a pescar a la playa.
Esa mañana me levante más temprano de lo habitual, prepare los anzuelos, las cañas, la carnada, comprobé que todo estuviera en condiciones para el torneo.
El pueblo entero se estaba preparando, las calles y las casas estaban decoradas, había puestos de comidas en cada esquina, todo estaba pronto para la fiesta.
Eran las 5 de la tarde y empezó el torneo. Al poco rato, ya empezaron a salir los primeros peces, habían Bagres, Tarariras, Roncaderas, Burriquetas, pero yo no lograba atrapar ninguno.
Pasaron las horas, el torneo estaba cada vez más cerca de finalizar y los ganadores ya se iban definiendo, pero yo no lograba sacar más que un par de peces.
Ya eran casi las 8 de la noche, hora en que iba a ser anunciado el ganador. Los jueces estaban pesando la recolección de cada participante,  se pescaron peces de todos los tamaños, las balanzas indicaban un peso de alrededor de 1,5k en la mayoría de los casos, excepto por uno, uno que superaba a todos los demás, conseguido por un extranjero que había llegado ese día al pueblo. Había conseguido un pez de unos tres kilos, tenía el torneo casi asegurado.
Estaba recogiendo mis cosas para ir a pesarlas, cuando sentí que algo tiraba de mi caña. Pensé que el anzuelo se había enganchado en una roca y tiré con todas mis fuerzas, pero la tanza seguía cinchando. Asombrado por lo que estaba presenciando, tire con todas mis fuerzas una vez más ¡¡Había conseguido un pez enorme!!
Todos quedaron asombrados, había ganado el torneo!!
Todos empezaron a corear mi nombre
-¡Tomás! ¡Tomás! ¡Tomás!
-¡Tomas! ¡Levantáte! Te quedaste dormido, el torneo empieza en 5 minutos ¡Apurate!


Manuel Perera    2016

martes, 28 de enero de 2020

LOS REYES MAGOS


LOS REYES MAGOS

Hay quien dice que los Reyes Magos son tres, pero yo sostengo que son dos.
Yo los conozco, y personalmente los he visto hacer milagros. Lo juro.
Los he visto viajar 90 km para pasar una noche jugando a la generala, y amanecer con fiebre, y tener que suspender las vacaciones, y todo eso con una sonrisa en el rostro.
Como Ronaldinho…
Juro que los he visto transformar una pizzería común y corriente, en The Cavern Club, y hacer desaparecer cinco porciones de muzzarella en menos de lo que dura Eleanor Rigby!!!
Y hacen magia de verdad. En serio.
Con mis propios ojos los vi transformar dos papeles y tres carbones en una pizza a la parrilla, con huevo duro y todo.
O pueden transformar un pan y un morrón crudo en un verdadero sándwich olímpico. En serio.
No viajan en camello, como dicen. Viajan en bus. Y siempre, siempre, son viajes mágicos.
A veces pierden los pasajes, o se vuelven antes, o no saben dónde subirse, o dónde bajar.
Pero siempre, siempre que un niño vomita en el piso del ómnibus, allí están ellos.
Escondidos entre los pasajeros, haciéndose los distraídos, ahí están los Reyes Magos.
Yo este año, me voy a portar bien de bien. Lo juro.
Para que los Reyes Magos, otra vez, me regalen su magia.                   



                                                                                                               JEPL
                                                                                                           26/01/20
    


viernes, 27 de diciembre de 2019

SIMPLEMENTE

Simplemente 
Ordenando algunas cosas, 
Ya lo conseguirás

Es más fácil de lo que imaginas
Lo único que tienes que hacer es soñar un poco

Quizás no sea tan fácil, en realidad…
Un poco, nada más
Inedulible es el esfuerzo…
No temas
Tú puedes!
Ordena algunas cosas…

Hoy es el día
Incluso si no lo ves
Jubiloso, feliz
Ordena algunas cosas…

Definitivamente sé que puedes lograrlo
Esfuérzate un poco más

Incluso si te das por vencido
Sólo tú debes poder hacerlo
Ahora
Anímate!!
Con calma, sin apremios

Ya falta menos…

Lucha un poco más
Uno a uno, juntándolos…
Zurciendo tus retazos…



Justamente unificando lograrás imaginar oportunidades

domingo, 1 de diciembre de 2019

EL HOMBRE INVISIBLE Y LA MUJER PERFECTA




Eran la pareja ideal: él invisible y ella perfecta.
Iban así por la vida. Hasta se sentían cómodos y felices.
Ella haciendo invisibles sus imperfecciones.
Él haciendo visible su perfección.
Así se amaron, rieron, compartieron, viajaron y soñaron.
Y hasta fueron creciendo.
Él cada vez más invisible.
Ella cada vez más perfecta.
Hasta que un día, casi sin querer, algo pasó.
Fue en una calle perdida, en un pueblo perdido, en uno de sus paseos.
Les llamó la atención el cartel: Casa de los espejos
-Qué divertido!!!Vamos!!  Dijo ella
-Dale. Vamos…  Dijo él
Había espejos de todo tipo y tamaño. Algunos para verse más gordos, otros para verse más flacos, otros para verse más altos, o más bajos… 
A ellos les llamó la atención  uno en especial.
En un rincón, viejo y sucio, con el marco de madera descascarada, había un espejo…
Hacía él fueron, entre desconcertados y curiosos, y lo que vieron cambiaría sus vidas para siempre…
Ella asustada, vio que no era tan perfecta. Vio que tenía miedos, angustias, sombras y tristezas. Que arrastraba consigo pedacitos de pasado... 
Él, angustiado, vio que no era tan invisible. Tenía luces, tenía sombras, tenía dudas y certezas, tenía ganas, tenía vida vivida y por vivir.  Tal vez nunca se había mirado bien…
Él la miró, emocionado, para confesarle que en realidad no era invisible. Y descubrió que ella lo miraba, llorando, para confesarle que en realidad no era perfecta.
Se abrazaron como por primera vez.
Dispuestos a mirarse, ahora sí enteros, imperfectos, visibles. 
Ella entendió que no era malo ser imperfecta. Él entendió que no era bueno ser invisible.
Se tomaron de la mano y salieron juntos, bien visibles, bien imperfectos…  

EL CHACHA



El Chacha era el menor de tres hermanos. No. Creo que eran cuatro. Tres varones y una gurisa. Creo. No sé.
Yo no era tan amigo suyo. Un poco amigo, nomás.
Le había prestado mi casa de afuera una vuelta, pa que pasara unos días. Como a él le gustaba estar sólo...
Un tipo raro. Huraño. No le gustaba mucho hablar con nadie. Y menos aún le gustaba escuchar a nadie. Él tenía la razón. No escuchaba otras.
No era fácil ser amigo del Chacha...
Y ahí se quedó. Sólo, nomás...
El Chacha padecía una grave enfermedad, una rara enfermedad. Medio psiquiátrica, medio neurológica, no sé. Rara.
El Chacha no entendía las bromas. Si. Así como lo digo. No entendía las bromas. Se pensaba que todo era en serio.
Un suponer uno le decía:
-Andá a cagar, Chacha!!!
Y allá iba él, rumbo al baño. No entendía. No había caso.
No se le podía decir que te esperara sentado, porque te esperaba. Había que explicarle todo.
Si le decías que caían pingüinos de punta,durante una tormenta, te quedaba mirando... como pa que le explicaras cómo carajo caían pingüinos. Si él sólo veía caer agua...
No entendía. Pobre Chacha...
La última vez que lo vi, estaba enojado. Un amigo le había dicho que no sabía nada de música.
No entendía. Pobre Chacha...
El amigo parece que le había dicho que iba a ir a la casa y le iba a tirar todos los discos, y le iba a regalar música buena. El Flaco tiene buena música, además. Dicho sea de paso...
-Pero Chacha!!! Le dije. - Si el Flaco te quiere como un hermano!! No se había ofrecido a ayudarte con la reforma del rancho???Mirá si te va a tirar todo pa fuera!! Es una broma!!! Tenés que entender!! No seas malo!!!
Pero no entendía. Pa él lo que le decían era verdad. No había caso. Pa peor, no sabía escuchar. O no quería. Hablaba él, y después se iba. Se terminó la discusión. Pal carajo!
No lo vi más. Supe que se había atrincherado en su rancho, lejos de todo peligro, y le había dado la orden a sus perros de que no dejaran entrar a nadie. Y menos si venía con cara de amigo. !!
Allá estará. Sólo. A prueba de bromas. Sin nadie que le lleve la contra.
Defendiendo a capa y espada su intimidad y su razón única. Con el corazón atrincherado.
A prueba de bromas. A prueba de balas. A prueba de amigos.
Pobre Chacha... Qué lo parió!!!