lunes, 17 de enero de 2022

ENCIERRO

 

-          Y digo yo… ¿No se aburre, todo el día encerrado acá?

-          Jajajaja!!! – la risa del viejo retumbó en el arenal…

-          ¿De qué se ríe? ¡¡No le veo la gracia!!

-          ¿Encerrado? ¡Jajaja! ¡¡¡No tienes ni idea!!!  ¿Para ti esto es estar encerrado? ¡¡¡No me hagas reír mijo, que tengo el labio partido!!!

-          ¿Por qué dice eso? No entiendo, don… Disculpe…

-          Mijo: estar encerrado es otra cosa. Abre las orejas que te voy a explicar lo que es. Estar encerrado es no poder ver a tus hijos por días y días. Semanas y semanas enteras. Estar encerrado es poder hacer lo que se antoje con tu tiempo, y, sin embargo, no saber qué hacer… 

 Es no poder salir a caminar ni a correr ni a pescar ni nada. Es no poder ir a trabajar, es rezar pa que el pan que tienes en las casas te alcance, porque no puedes ir a comprar más.

-          

-          Estar encerrado, sin salir de tu casa, es preguntarte por qué. Es empezar a sentir bronca, impotencia, ganas de agarrar todo a patadas. Es sentir que te robaron lo más preciado que tienes: la libertad, tus hijos, tu profesión, todo…

-          

-          Una vuelta estuve encerrado de verdad. Un lote de días. Todo el pueblo estuvo encerrado. Parece que había aparecido un bicho, un virus, o algo así. Andaba todo el pueblo cagado hasta las patas. Así como lo oyes. Y cada uno se cuidaba a sí mismo, pero quería convencernos de que lo hacían por el otro. Nos decían que de esa salíamos todos juntos. Jaja… Dios colorao…

-          Ah, ¿sí?

-          Si, mijo. Te decían que era por los veteranos, que era por los dotores, pa que trabajaran menos, que era por los gurises chicos. Yo que sé… Pa mí que… Yo que sé…

Uno te decía una cosa, otro te decía otra. Que había que lavarse a cada rato, que había que cambiarse de zapatos a cada rato, que había que saludar de lejos...

Que había que lavarse con alcohol, sacarse la ropa a cada rato, usar máscaras…

Yo andaba muy caliente en esa época. Putiaba sólo, por los rincones. Con los científicos, con los políticos, con la gente que repetía bobadas, con todo el mundo…  Creo que lo peor era no poder saludar a nadie. No acariciarle la cabeza a un vecinito, saludar a un tío viejo de lejos, a un amigo de toda la vida con el codo, no poder abrazar a tu propio hijo... ¿Te imaginas? ¿Sabes lo que es eso? ¿Te haces una idea?

-          No me lo imagino… ¿Fue bravo?

-          ¡¡Bravazo!! Imagínate no poder darle un abrazo a alguien que quieres mucho. Calcúlale…Estuve un lote de días sin ver a mis gurises, que habían quedado en la casa de la madre.  Pa peor estaban estudiando ellos. Y no había escuela, liceo, nada. Todito parado. Ni fóbal había. Nada…

-          Ah, ¿no? ¿Fútbol tampoco? ¿Y algún toque para distraerse? ¡¡¡Yo me muero si no puedo tocar la viola!!!

-          ¡No! ¡¡¡Nadita!!! Era como estar esperando que pasara algo, pero no pasaba nada…

Uno buscaba soledad para escribir, por ejemplo, y no había. Uno buscaba sol, y no. Si quería aire puro, no había. Los jugadores de fóbal engordaban en las casas. Los bolicheros se fundían, porque ya ni borrachos había en la calle… No hubo cantores, ni malabaristas, ni nada. Yo hasta el día de hoy no sé cuál era la verdad de la milanesa.

A veces pienso que nos cagaron a mentiras. Porque uno te decía una cosa y otro te decía otra. Que máscara sí, que mascara no. Que alcohol sí, que alcohol no. Y así con todo. No dabas la ida por la venida haciéndole caso a todo el que opinaba. Todos sabían todo. Era como cuando todo el mundo opina de fobal, ¿viste?

Pero la gente se moría de verdad. Eso era lo peor.

Uno se cuidaba, y todo. Pero no entendía bien por qué.

Y a mi nunca me gustó que me arreen. No soy oveja.

Por las buenas, sí. Explíquenme. Déjenme dar una mano. ¡¡Si había gente más jodida que yo!! ¿Por qué no podía salir de las casas a ayudar a esa pobre gente? ¿Por qué yo no podía salir de las casas y ellos sí? ¿Por qué había que aplaudir a los dotores y no a los que juntaban la basura? O a los maestros, o a los otros terapeutas, ¿o a los que agachaban el lomo y seguían plantando?

 Pa qué carajo había que quedarse encerrado, si alguna vez íbamos a tener que volver a salir? ¿Y los que vivían de la pesca? ¿Y los que hacían changas? Cómo carajo esperaban que pararan la olla? Quédate en las casas, te decían por todos lados. Deja, deja…

Pero lo peor de lo peor era asomar la nariz por la puerta del rancho y no ver a nadie…

¡¡Dios colorado!! ¡¡Nadie en la calle!! ¡¡Metía miedo, mijo!! No sabes lo que era el silencio.

Parecía igualito a esas películas en las que se acaba el mundo, viste?

-          Si. He visto alguna…

-          Bueno, mijo. Parecía una película de ciencia ficción. Pero era peor. Era verdad…

-          Se ve que estuvo fea mismo. Si todavía se acuerda…

-          Fea es poco. Las verdades a medias. La sensación de que te usan. Una mierda, mijo. Pero lo peor era el encierro

Por eso ahora me gusta navegar. Cualquier día de estos me embarco y no vuelvo más...

 

La mirada del viejo se perdió en el mar, que rompía mansito.

Prendió el pucho, y ya no habló.

El gurí supo que algo seguía doliendo ahí adentro.

Pero no dijo nada.

¿Qué iba a decir?

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