lunes, 22 de julio de 2024

EL VALLE SAGRADO DE LOS INCAS





EL VALLE SAGRADO



Se hace difícil poner en palabras el torrente de sensaciones que provoca estar en el Valle Sagrado de los Incas.

La altura, la falta de aire, la cara hinchada, la opresión en el pecho, las caminatas interminables, el orgullo de su pasado, el sentido de pertenencia, la vida comunitaria, el agua omnipresente, las acequias, la comida, el rocoto en los ojos de Irina, el olor a pollo y chicharrón, el escuchar hablar quechua, los sitios arqueológicos, las casas de piedra y barro, el pasado que se continúa, las vestimentas típicas, las artesanías, las montañas enormes, los picos nevados Salkantay y Ausangate, los restos arqueológicos a la vuelta de cada esquina, el Inti Raymi, y Haylli Cosco, Haylli Ollantaytambo, Haylli Tahuantinsuyo, la música, los colores, la plaza de Armas de Cusco donde mataron a Tupac Amaru, y más montañas con caminos zigzagueantes, las salineras de Maras, Moray, los templos, y más y más terrazas, las maravillas arquitectónicas y de ingeniería de hace 500 años, el monumento a Pachacutec, las iglesias construidas sobre cimientos incas, el sol, la tierra, el cóndor el puma y la serpiente, los desfiles con quesos, papas, maíz y cuises, los turistas sacándonos selfies en lugares sagrados e incluso en tumbas incaicas, las “mamitas” tejiendo maravillas en telar, las alpacas, Chinchero, Urubamba, y Ollantaytambo querida, y el drama de Ollanta, y el Ollanta Raymi, ya señorita, normal, la dificultad de comunicarse, a veces, cómprame papito, el pisco, los cuises, el ceviche, la palta rellena y a la vinagreta, los mototaxis, el regateo, Pumamarca inencontrable, la chicha morada, y la misteriosa chicha de jora que nunca probamos, y el aire que no entra, y hacer fuerza para respirar, y si estamos vivos que se note y podemos avanzar un poco más, y el Inti Punku inalcanzable, y el tren a Machu Picchu Pueblo, y el propio Machu Picchu impresionante, emocionante, las lágrimas en los ojos, y el Wayna Picchu tan temido, y el pueblo con su cascada, y la cola para el bus, Aguas Calientes, el rio Vilcanota, el nevado Salcantay, los Apus tutelares e invencibles, la sopa de pollo, las chicharronerias, la chacana y el Tumi, Checacupe y sus tres puentes, el lugar de donde nació la revolución liderada por José Gabriel, el cóndor pasa por el cielo del Perú, viajar en ómnibus, comer en los mercados, conversar con la gente, hacer fuerza para respirar y que el aire no entre, y el dolor de cabeza, la opresión en el pecho, las náuseas y la cara hinchada, y el aire que no entra, una vez más…

Así, como leer un texto largo sin pausa, sin aliento, algo así es estar casi un mes en el Valle Sagrado de los Incas, y no querer irse.

Ahora estamos en Nasca, en el desierto, y ésta es otra historia.





Perú, del 19 de Junio al 14 de Julio de 2024

jueves, 2 de noviembre de 2023

BREVE HISTORIA DE LA HUMANIDAD


Mi padre, de origen judío, fue expulsado de su casa paterna por casarse con mi madre, de origen católico. Ninguno de ellos profesaba ninguna religión.
El padre de mi padre, mi abuelo, judío él,  había sido expulsado de Turquia por ser judío y no católico.
Los judíos ya habían sido expulsados en 1492 de la Península Ibérica, junto con los musulmanes, por los cristianos.
Al mismo tiempo, los cristianos se la iban arreglando para masacrar Incas, Mayas, y Aztecas. Por no ser cristianos.
Años antes, los cristianos se habían masacrado entre sí, 7 millones de muertos, en la reforma que dió origen a la Iglesia Protestante.
Por esa época,  año más año menos, los Incas andában masacrando Atacameños por el desierto. Por no ser Incas.
Pero volviendo a los judíos, que ya habían sido esclavos en Egipto y masacrados en la Segunda Guerra Mundial por ser judíos, se dedicaron a partir de 1948 a masacrar Palestinos. Por no ser judíos.
El mundo árabe, por supuesto, defiende a los palestinos. Por ser más musulmanes que judíos.
Los musulmanes, que quieren conquistar el mundo teniendo muchos hijos, son malvados.
Los talibanes, que antes eran buenos, ahora son los malos. Igual que Hamas.
Los rusos no. Esos siguen siendo malos, aunque ya no sean comunistas.
Los armenios y los kurdos son buenos, porque son perseguidos por los malos.
Que son turcos, como mi padre.
Que era, junto con mi madre, los seres más buenos que he conocido.



 

sábado, 15 de julio de 2023

UM TESOURO SILENCIOSO

 UM TESOURO SILENCIOSO


Esta história, conforme me foi contada, fala de um Macaco Curioso em busca de um tesouro.

Um tesouro, sim!! Como os piratas!!

Macaco Curioso não estava exatamente procurando um tesouro, mas sua amiga, a Garça Branca, o convenceu.

A coisa foi assim...

Macaco Curioso estava cansado. Não cansado de brincar, mas cansado de outras coisas. Onde quer que ele olhasse, ele via coisas ruins. Olhava para um lado e via tristeza, olhava para o outro lado e via dor, olhava para o outro lado e via luta, olhava para o outro lado e via raiva, olhava para o outro lado e via solidão, e olhava para o outro lado e via rostos sérios. Sim. Macaco Curioso tinha o hábito de olhar seis vezes!! E ele olhava devagar, bem devagar...

Um dia, quando ele estava muito ocupado olhando coisas que não queria ver, sua amiga passou voando.

-O que foi, amigo? - perguntou a Garça.

- Estou cansado de ver coisas que não quero ver, e de ouvir coisas que não gosto! Macaco choramingou.

- Eu posso ajudá-lo se você quiser! sua amiga ofereceu. Posso levá-lo a uma caverna, onde dizem que existe um tesouro! Diz a lenda que este tesouro secreto cura todos os males e alivia todos os sofrimentos!

-Vamos já! - gritou o Macaco - enquanto, com um salto, subia nas costas da amiga

-Segure firme! Vamos la!

E foi assim que a Garça Branca, carregando o Macaco Curioso nas costas, ergueu-se no ar. Ele estava voando alto, muito alto. E lento, muito lento...

Eles voaram tão alto que alcançaram as nuvens. E as nuvens passavam ao lado deles e eles, atónitos, viam-nas passar devagar, muito devagar... e seguiam-nas com o olhar atento de quem nunca viu as nuvens de perto.

Assim chegaram ao topo de uma montanha, onde viram uma placa misteriosa que dizia:

"Para chegar ao tesouro, você deve separar as montanhas que impedem a entrada, empurrar o céu para o mais alto e abrir a porta da caverna escura"

-Me da medo! -disse Garça - te espero em cima dessa pedra!

Macaco Curioso, por mais curioso que fosse, estava mais do que com medo, estava com muito medo! Mas a lembrança de tudo de que não gostava, e a esperança de encontrar uma solução para o seu problema, foi o que o levou a juntar ar e empurrar devagar, bem devagar, para separar as montanhas. Ele reuniu ar e empurrou; e descansou enquanto ele o soltava. Ele teve que fazer isso seis vezes, porque todos nós sabemos que as montanhas são grandes e pesadas!

Quando o fez, não viu nada além de nuvens e lembrou-se do que dizia a placa. Ele teve que empurrar o céu. Alto, muito alto.

O Macaco Curioso era muito inteligente e lembrou-se de que tinha funcionado para ele reunir ar para empurrar e soltá-lo lentamente para descansar. E assim ele colocou as mãos à obra. Ele inflou a barriga e empurrou para cima devagar, muito devagar. Uma, duas, três vezes... ele teve que fazer isso seis vezes. E ele consegue.

À sua frente havia uma enorme porta de ferro, cobrindo a entrada de uma caverna que ele imaginava ser escura, misteriosa e assustadora.

Mas se ele já havia chegado lá, não iria parar agora. Então ele reuniu coragem, reuniu ar e empurrou a porta que o separava de seu tão esperado tesouro.

Você não sabe quantas vezes ele teve que empurrar? Sim. Vocês adivinharam. Seis vezes!! Três com uma mão e três com a outra. Sempre reunindo ar para empurrar e soltando-o lentamente para que pudesse descansar seus músculos exaustos.

E sabe de uma coisa? Ele conseguiu. A enorme porta se abriu com um barulho sinistro, como sempre fazem as portas enormes que cobrem as cavernas.

Diante dele apareceu, como em uma história, um grande baú de tesouro. O Macaco Curioso, claro, imediatamente se abaixou para abri-lo, e você pode imaginar o tamanho da surpresa ao ver que não havia dinheiro dentro, nem jóias, nem moedas de ouro, nada. Apenas um pedaço de papel enrolado e amarrado com uma fita vermelha.

O papel dizia, e o Macaco jamais o esqueceria:

“O segredo é o silêncio. Sinta sua respiração, sinta seu coração e fique em silêncio."

Macaco levantou o papel, estendeu os braços para mostrá-lo a sua amiga;  pois juntos haviam conseguido, ergueu-o emocinado para o céu, e fechando os olhos, levou as mãos ao umbigo, permanecendo em absoluto silêncio...

Esta história, como me foi contada, termina aqui.

Mas gosto de imaginar que o Macaco Curioso, toda vez que precisa ficar calmo, revive a aventura com sua amiga Garça, e depois senta em silêncio, respira fundo e fica respirando devagar.

Ouvindo sua respiração.

Ouvindo seu coração.

Ouvindo o silêncio.




Julio Perera Lopez

Porto de Galinhas, PE, Brasil

13/07/23


viernes, 31 de marzo de 2023

EL DON DE LA PALABRA

 



Mi bisabuelo era originario de un pueblito perdido de Italia; Ceraso, en la provincia de Salerno.

A mi me encantaba escuchar sus historias en su media lengua atravesada. Se había venido adolescente, y se había negado a hablar español como la gente. Él era tano, decía.

La historia que más me gustaba, y se la pedía cada vez que lo veía, era la del “Viejo de la Palabra”.

Contaba mi bisabuelo que en su pueblo había un viejo del que poco se sabía, y del que mucho se decía. Que había estado en la guerra, que había estado preso, que había tenido líos de polleras con un agente de policía, y mil cosas más. Pero nadie sabía nada de él.

Lo cierto es que el viejo tenía un don: el don de la palabra. Curaba con la palabra, así en singular. Con una sola palabra.

Cuando el viejo se instaló en el pueblo aún no era viejo, pero ya era un personaje intrigante y misterioso. Puso un pequeño consultorio en las afueras del pueblo y se dedicó a sanar a quienes allí se acercaban. El consultorio era una pequeña pieza de bloques, con una mesa y dos sillas. Nada más. Dicen que el hombre se sentaba con los ojos cerrados, ponía dos dedos en la frente del consultante y decía una sola palabra. Nada más.

Acudían a él rengos, inválidos, sordos, ciegos, jorobados, jóvenes despechados, mujeres traicionadas, y sufrientes de todo tipo y color.

Y dicen que il Vecchio della parola siempre hacía lo mismo. Con los ojos cerrados, y con voz fuerte y clara, les decía una sola palabra: ¡Camina! ¡Enderézate! ¡Oye! ¡Ve! ¡Olvídala! ¡Déjalo!

Y la gente del pueblo salía feliz, los paralíticos caminaban, los sordos oían, los jóvenes olvidaban a sus amores truncos, y las mujeres abandonaban para siempre a sus maridos infieles.

La fama del viejo trascendió las fronteras del pueblo y más temprano que tarde llegó a oídos del comisario del pueblo vecino. Un veterano policía con fama de pendenciero, traidor, alcahuete de los superiores y abusivo con sus subalternos. También se decía que le había robado la mujer a uno de ellos, en circunstancias que nunca fueron aclaradas.

La cuestión es que, contaba mi bisabuelo, un buen día llegó el comisario al ranchito del viejo. Precedido de un par de agentes que disolvieron a palos la cola que siempre había en la puerta, el comisario llegó pisando fuerte y se sentó frente al viejo.

-Vengo a que me cure, viejo. Hace días que no puedo dormir. Tengo pesadillas espantosas en las que se me aparecen los presos que metí por gusto, los que desplumé haciendo trampas en las timbas, hasta los perros que maté sólo para poder entrar a casa ajena de noche. Se me aparecen de noche, me persiguen, no me dejan dormir. Así que trate de curarme. ¿Oyó?

Y decía siempre mi bisabuelo, y le brillaban los ojos cuando lo hacía, que esa fue la única vez que el viejo de la palabra hizo algo distinto. En realidad, hizo dos cosas distintas.

Abrió los ojos, le puso dos dedos en la frente al aterrorizado comisario, se le acercó al oído, y le dijo en un susurro: - Jodete…

miércoles, 19 de octubre de 2022

IMBORRABLES

 Tic, tac, tic, tac.. drop, drop...tic, drop, tac, drop...

 El viejo reloj despertador y la canilla de la cocina parecían haberse complotado para arruinarle la siesta. El frío se colaba por todas las rendijas del rancho, y la raída frazada no alcanzaba a disimularlo.

 Pero esos no eran ruidos, eran música al lado de los otros ruidos, que pretendía dejar en el pasado y no podía. 

 Cadenas, candados, cerrojos, gritos, aullidos, lo despertaban una y otra vez en esas noches eternas. 

 Se suponía que esos sonidos debían quedar en el pasado, enterrados, olvidados. Eso le había dicho su terapeuta. Que los soltara, le había dicho.

 Pero no había noche en que no lo despertara el ruido de un cerrojo al abrirse, un plato metálico arrastrado por el piso, una radio a todo volumen intentando tapar los gritos.  

 Por eso no lo molestaba, en esa siesta, el concierto de canilla y despertador.

 Tic, drop, tac, drop... 


lunes, 3 de octubre de 2022

LA ESTUFA MAYOLICA



LA ESTUFA MAYÓLICA



Pietro siempre tuvo la terrible sensación de no ser tomado en serio. Sobre todo, por su abuela, pero también por su madre, su esposa, sus compañeros de trabajo, y sus amigos. Nadie lo tomaba en serio, en realidad. Pero él se había acostumbrado. Después de todo, había salido adelante. Su autoestima había ido creciendo con los años, y las críticas le resbalaban. Cuando optó por jubilarse, en vez de trabajar cinco años más para que su jubilación aumentara, las críticas le llovieron. Sobre todo, de parte de su abuela.

-Toda una vida laburando como burro en ese trabajo de mierda, que nunca te gustó, ¡¡¡y te vas a ir ahora que te faltan cinco años para llegar al máximo!!! ¡¡No te avivas más!! ¡¡Además de tarado, vago!! ¿¿Qué te costaba quedarte unos años más??

Y así siempre. Cuando vendió el apartamento para irse con su familia a la casa de La Paloma, cerca de sus abuelos. Cuando cambió el viejo auto por una pick up, cuando se quebró jugando al fútbol, siempre sintió el apoyo de su abuelita.

-No tenés gracia ni pa jugar a la pelota, mijo. Qué desgracia...

Cuando Pietro anunció que iba a cambiar la vieja estufa a leña, de chapa, por una moderna estufa mayólica, de cerámica, más eficiente en términos de consumo de leña, lo único que recibió fueron críticas. Algunas de ellas bastante fundamentadas, otras nada de eso. Que era mucho más lindo ver el fuego, que a todos les gustaba apoyar el culo contra la estufa, que se podían aprovechar las brasas para hacer unos choricitos, que esto y que lo otro. Pero las críticas más despiadadas, como no podía ser de otra manera, provinieron de su anciana abuela. Paralítica de la cintura para abajo, no había hecho otra cosa que criticarlo y complicarle la vida desde que se la había llevado para su casa, después del fallecimiento del abuelo hacía tres años. Una vez removida la antigua estufa, y levantada en su lugar la enorme estufa mayólica, la vieja empezó con la perorata.

-¡¡No haces nada bien, mijo!! ¡¡Qué mamarracho eso!! ¡¡En vez de dejar la estufa que había instalado tu abuelo!! ¡¡Ni eso haces bien!! ¡¡Parece un horno crematorio eso!! ¡¡¡Pero por favor!!! ¡¡Abombado!!

Acostumbrado como estaba a tales manifestaciones, Pietro disfrutaba mirando la estufa enorme, imponente, ocupando casi la cuarta parte de la habitación. No se veía el fuego, era cierto, pero a él le gustaba. Tenía la puerta para la leña, un registro abajo para la ceniza, y un enorme horno arriba, con una puerta de hierro. Preciosa. Parecía un horno crematorio, es verdad. Por esa puerta enorme hasta podría pasar un ataúd, pensó. Pero a él le gustaba. Y sonreía al contemplarla.

El invierno vino suave ese año, por suerte. Y con él las vacaciones. Vacaciones que él se perdía una vez más, porque alguien tenía que quedarse a cuidar a la abuela. Y otra vez, como no podía ser de otra manera, le tocaba a él. Por tercer o cuarto año consecutivo. Siempre le tocaba a él quedarse a cuidarla. Pero, ¿qué iba a hacer? Cargar la camioneta era otra de esas instancias en las que la abuela tenía mucho para aportar:

- ¡No sé para qué carajo llevan pelota, si está lleno de nieve! ¡Qué ganas de joder! Y esas cosas que llevan para la nieve, como si supieran andar. Si apenas saben caminar derecho. Y claro, con el padre que tienen. ¡¡Qué lamentable!!

El bueno de Pietro, silbando bajito, acarreaba bultos, raquetas, pelota, conservadora, los trajes para la nieve. Besaba a sus hijos, los aconsejaba sobre cómo cuidarse y no hacer rezongar a su madre, los volvía a besar, y se despedía de su esposa, que lo encontró extrañamente tranquilo. Como sedado, le dijo.

-Estás bien querido? Qué raro estás. Tenés una sonrisa rara. ¿Te sentís bien?

Él la besó y sonrió. -Buen viaje. Diviértanse mucho. Los amo.

Esa misma tarde, cuando quedaron solos Pietro y la abuela, la historia empezó a repetirse una vez más. Reclamos, insultos, acusaciones, desprecio.

-Qué aborto se perdió tu madre!! Bueno, ya empezó mal la cosa cuando se casó con el inútil de tu padre. Y eso que yo le dije muchas veces. ¡¡Ese cazcarriento de mierda!!

La noche estaba fría y oscura, apenas iluminada por la luz intermitente del faro de La Paloma; lo que le daba al lugar un aspecto misterioso, siniestro, casi tenebroso.

Pietro acarreaba piñas, un poco de papel, leña fina para empezar y algún tronco grande para cuando agarrara calor El instalador le había dicho que la estufa podía alcanzar los 600 grados, si la cargaba bien. Pietro nunca lo supo con exactitud, pero después, recordando esa noche, supuso que sí, que esa noche la estufa alcanzó los 600 grados. Hasta tuvo que abrir un poco la ventana, porque el calor era insoportable.

Pero el calor fue subiendo de a poco, como la extraña sonrisa en su cara. Cada vez más grande y más extraña, casi siniestra.

La leña estaba casi toda seca, pero eran troncos muy grandes para esa estufa. Así que tuvo que ir al galpón a buscar el hacha.

La afiló despacio, sonriendo. Casi empieza a silbar, pero su silbido tapaba la voz de su abuela, que se escuchaba como una letanía allá al fondo. Le llegaba por ramalazos, con el viento frio.

Pietro afilaba el hacha, sudaba y sonreía. Si alguien lo hubiera visto, concentrado en la tarea, hubiera jurado que estaba feliz, disfrutando de ese momento a pesar del frio, y asegurándose de estar haciéndolo de la mejor manera. Como si le fuese la vida en el filo del hacha. Para eso probó el filo con una rama finita, y la cortó en el aire.

-Podría afeitarme con ella, pensó. -O cortar un cuello con mucha, mucha facilidad.

El viento frio seguía soplando de a ratos, muy frio, ululando Y el faro seguía iluminando de a ratos, fantasmagórico, cuando Pietro encaminó sus pasos hacia la casa. Ahora sí, silbando...

Lo que pasó después, nadie lo sabe. Y si alguien lo sabe, no lo recuerda. Y si lo recuerda, no lo comenta.

Lo cierto es que esa noche la estufa mayólica alcanzó su mayor temperatura y demostró que, efectivamente, en el horno entraba perfectamente un cuerpo humano.

Al otro día Pietro se levantó temprano. Desayunó, fue hasta la estufa que todavía estaba tibia, vació el compartimiento de las cenizas y las agregó a la compostera. Su esposa se entretenía mucho con las plantas, y esa era una buena ceniza. Orgánica.

La silla de ruedas la donó a un asilo para ancianos, que había a pocas cuadras. Ya no se iba a precisar.

Con el dinero de la vieja estufa de chapa, usada, que había instalado su abuelo y que esa misma tarde le vendió a un desconocido, el bueno de Pietro compró el pasaje para irse de vacaciones con su familia por primera vez en muchos años.

Su esposa y sus hijos lo vieron llegar con una extraña sonrisa en la cara, casi siniestra, silbando bajito...



Julio Perera López

UNA ZUNDAPP 600

Pero mirá dónde te vengo a encontrar, Flaco!! Tanto tiempo!! Cuánto hace de tu accidente, loco? Un par de años, ya. No? Qué increíble!! Vos sabes cómo llegué acá? No vas a poder creer. Si te lo cuento te caes de culo. Vos me tomabas el pelo siempre. Que quería ser como vos, que te tenía envidia. Que no sé qué y no sé cuánto. Te digo la verdad? En lo único que te envidiaba era con las minas. Siempre fuiste mucho más ganador que yo. Eso te lo reconozco. Pero en lo demás, no. Yo siempre fui mucho mejor para los fierros. A mí no me vengas!! Bueno, pero te cuento cómo llegué acá. Vos te acordás de mi suegro, no? Si lo habrás visto al viejo!! Era un capo con los fierros. Yo todo lo que sabía lo había aprendido con él. El viejo era de pocas palabras, pero me dejaba darle una mano en el taller, con sus cosas. Y siempre tuvo moto el viejo. Una vuelta se había comprado una Indian con sidecar. Era un show verlo paseando con mi suegra por la rambla.! La gente se daba vuelta para mirarlos. Tuvo de todo, yo creo. Royal Enfield, Indian, Harley, Susuki, Honda... Yo que sé. Menos chinas, tuvo de todo. Y la última que tuvo es la razón por la que estoy acá conversando contigo después de tanto tiempo. Mira, era un Zundapp KS 600 cc, del 41. Alemana. No sabés cómo estaba, Flaco!! Era un fierro!! Vos no llegaste a conocerla, creo. Un caño!! El viejo le había hecho el tapizado del asiento, los carenados, el escape, todo nuevo. Divina estaba la moto. Hermosa. Y cuando terminó de hacerle todo eso, el tipo va y se muere. Podés creer? Un infarto. Pobre loco. Yo lo apreciaba mucho. Un loco grandote, lomudo, muy callado. Yo lo admiraba, aunque nunca se lo dije. Siempre fui así yo, medio quedado, no? Decime la verdad. Y bueno, lo de siempre. Viste? Velorio, acompañar unos días a mi suegra, aguantarle la cabeza. Y a la patrona también, obvio. Viste como es. Y un día fuimos con aquella, sacamos ropa del hombre, libros, esas cosas. Regalamos algunas cosas, tiramos otras. Aquella se quería quedar con todo, viste como es de acumuladora. Pero bueno. Y cuando terminamos con la ropa y eso, va mi suegra y dice: -Bueno, ahora vamos para el galpón, a ver qué hay. Ahí entraba sólo él. No sabe lo que era eso!! El paraíso!!! Bueno, vos sabés mejor que yo lo que es el paraíso!! Jajaja! No te voy a venir a contar yo!! Pero ta, para mi eso era el paraíso hasta ese momento. Herramientas, las que quisieras. De todo. Motosierra, circular, garlopa, torno, amoladoras, cajas enteras de llaves fijas, de todo! Y allá en el fondo, tapada con una lona verde, la moto. Fue verla, y me salió del alma, viste? No me pude callar. Y la encaré a la doña: -Suegra, qué va a hacer con la moto? A mi me gustaría heredarla, si a usted no le molesta. -No, no, no. Esa moto es muy grande para vos. No vas a poder ni prenderla. Es impresionante lo que debe pesar. Ni se te ocurra. La vamos a vender. Ya tengo un interesado. Viste como era mi suegra, no? Siempre igual. Buena gente, pero tenía esas cosas. Y bueno, al otro día esperé a que las mujeres se fueran a hacer unos mandados. A visitar a unas tías viejas, creo. No sé. Y tá. No me aguanté. Era ahí o nunca. La llave estaba colgadita en el tablero de las herramientas, al lado de los destornilladores. Y tá. Le saqué la lona y se me piantó un lagrimón. Me vinieron como ganas de acariciarla, viste? El tanque, los carenados, el escape, el asiento. Por supuesto que no tenía arranque eléctrico, así que tuve que afirmarme en la pata. Pero estaba suavecita. Vos sabés que fue tocarla y quedó cantando la loca. Impresionante. Una música para mis oídos. Divino como roncaba. Lo que no encontré por ningún lado fue el casco, y no quería perder mucho tiempo tampoco. Así que me trepé y arranqué para la rambla costanera. No sabés como caminaba la hija de puta!!! No sabés, Flaco!! Increíble. Más para ser un fierro tan antiguo, no? Fijate que era del 41. Original. Y vos sabés que la exigí y respondió la loca. Viste cuando parece que te piden más? Bueno, así. 80, 100, 120 y seguía respondiendo. Impresionante. Me acordé tanto de las salidas que hacíamos con aquellos. La sensación de libertad, el viento en la cara. Vos sabés bien de qué te hablo. Te acordás de cuando fuimos a aquel parque, y armamos bruto festival de Heavy Metal después? Y cuando hicimos toda la ruta 26 con el Carlitos? Vos en la Honda, aquel con la Susuki y yo con la Virago aquella que tenía. Me acordé de eso. De una cantidad de salidas. Con lluvia, con frío. No nos paraba nada en esa época. Eramos jóvenes, Flaco. Mirá, en un momento me acordé de tu accidente y todo, sabés? Pero mirá qué loco. No fue en cualquier momento, no. Justo en el momento en que se me cruza el camión me vengo a acordar de vos. Podés creer? Fue un instante. Me acordé de ese momento en que ibamos con el Mario y vos te diste contra aquella columna de luz. Y aquí estoy, conversando contigo. Qué loco, no? Nunca pensé que al final, iba a ser como vos. Justo al final